domingo, 24 de marzo de 2013

En Paris... Vice Versa

   Este es uno de los últimos hoteles conceptuales que se ha abierto en la Ciudad de la Luz. La responsable de cada detalle es Chantal Tomass, que se ha encargado de diseñar en cada espacio desde los suelos, hasta los techos, incluyendo el papel pintado de las paredes. 
    La entrada del Vice Versa nos cautiva con una atmósfera vestida de blanco, en la que grandes sofás y sillas invitan a reposar cómodamente después del viaje.
Monocromática, la entrada evoca el Cielo; vía Vice Versa
Detalle de panelados y apliques con forma de unicornio; vía Vice Versa
   Las habitaciones se distribuyen en siete plantas, cada una inspirada en uno de los siete pecados capitales. Avaricia, gula, ira, envidia, soberbia, lujuria y pereza envuelven al visitante en un halo fascinación.

Espacio común de la primera planta, la de la avaricia; vía Vice Versa.
   La avidez por el dinero se refleja en las suites que evocan la codicia. La pared del cabecero se distingue del resto impresa con billetes, al igual que una parte del techo y de los textiles. 
Un detalle ideal... ¡el teléfono!; vía Vice Versa

   En la planta inspirada por la gula las camas son redondas y los cojines tienen forma de macaron; las sillas representan pastelillos dulces. Completan el cuidado conjunto las luminarias - a ambos lados del cabecero de la cama - con forma de tetera, las alfombras representando cubiertos y el papel pintado de las paredes,  con motivos de vajillas antiguas. 
Vice Versa
   La ira llega como una explosión. Espejos en forma de rayo a ambos lados de la cama, sobre el cabecero un cuadro que aparece manchado con pintura de colores, y en el techo un graffiti que recuerda al sonido de dos disparos que no se han podido contener. La moqueta del suelo se estampa con pistolas.
Sobre el binomio negro y rojo ruge la ira; vía Vice Versa
   A través de la soberbia nos trasladamos a una planta inspirada en los palacios etruscos, repletos de suelos mármol y estatuas de oro.
Vice Versa 
  La envidia se representa envuelta por la arrogancia del lujo. El motivo de las sillas de estas habitaciones es un respaldo en forma de diamante, mientras que en la pared del cabecero figuran sendas estanterías que hacen ostentación de posesiones como zapatos, joyas y bolsos. La apuesta por el color de esta planta mezcla, sobre tonos neutros, fucsia, naranja y rojo. 
Los complementos, tan parisinos, protagonizan la estancia; vía Vice Versa
   La pereza nos invita a disfrutar de dormitorios bucólicos, llenos de naturaleza y encanto rústico. El motivo del respaldo de las sillas es - ¿cómo no? - la silueta de una mariposa.
En el techo disfrutamos de la vista de un maravilloso cielo; vía Vice Versa
  Las suites embriagadas por la lujuria incorporan grandes imágenes de siluetas femeninas vestidas con corsés, ligueros y prendas muy sensuales. En los cabeceros destaca el encaje negro sobre fondo rosa, motivo que se repite en algunas de las pantallas de las lámparas, mientras que en otras se simulan corsés, al igual que las alfombras a los lados de la cama. El motivo de las sillas es un corazón, que se repite en las mesitas de noche, y en los lavabos del cuarto de baño.
Binomio rosa y negro; vía Vice Versa
   El comedor de desayuno, exquisito al detalle, es un lugar lleno de color, que invita a empezar  la jornada con alegría.
Rayas, cuadros y color; Vice Versa
   En el sótano del hotel se encuentra una zona en la que disfrutar de un agradable baño de vapor. Este espacio en tonos rojos y negros simboliza el infierno, y completa el conjunto de la fuente de inspiración de Chantal.
Pasillo y zonas privadas del baño de vapor, vía Vice Versa
   Chantal Tomass, de madre modista y padre ingeniero, revolucionó el mundo de la lencería en 1.975, con una colección distinguida por su sensualidad. Los satenes, sedas y blondas de primera calidad pasaron a formar parte del mundo de la moda. Sus colecciones cruzaron las fronteras de los guetos de los sex shops para instalarse en las boutiques de la rue Saint-Honoré. Desde entonces no ha dejado de sorprender al mundo. Su recién estrenado hotel, tan transgresor como ella misma, es un grito de modernidad.

¿En qué planta os gustaría quedaros?

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